«Como paciente quiero que me toquen», entrevista al presidente del Consejo General de Colegios Farmacéuticos, Jesús Aguilar

Las farmacias hicieron de centro social en las semanas del severo encierro. Era uno de los pocos lugares donde los vecinos compartieron sus inquietudes en unos instantes de mucha incerteza y poca mascarilla. Hasta 24 boticarios han muerto con el Covid-19. En su labor se detiene Jesús Aguilar (Burgos, 1960), portavoz de los farmacéuticos de España, que alerta la proliferación de las consultas telefónicas y la desaparición del contacto humano en la asistencia sanitaria.

–El alcalde, el cura, el médico y el boticario han sido insignes en los pueblos de España.



–Así fue. Ahora, en muchos pueblos, las boticas son los únicos establecimientos abiertos. Ojalá el resto de los sistemas copiaran el modelo de prestación farmacéutica.

–Hubo dos meses, durante el estricto encierro domiciliario, en que el ciudadano apenas veía en la calle al tendero, al quiosquero y al boticario. ¿Una fuerza viva perpetua?

–Más que una fuerza viva es un establecimiento sanitario esencial. En esos meses, mas 30 millones de españoles visitaron las oficinas de farmacia, señal de su importancia.

–Desde el principio de la pandemia las farmacias se ofrecieron al sistema de salud para todo. No hubo tan buena acogida finalmente.

–La acogida de los ciudadanos y de los medios ha sido excelente. Distintas han sido las administraciones, que han dejado mucho que desear. Con la de Andalucía, sin embargo, ha sido sensible y hubo colaboración, por ejemplo, para que los medicamentos hospitalarios llegasen a los ciudadanos. También estuvo el reparto de mascarillas, las que había. Está también la vacunación.Las farmacias podrán ser centros de vacunación cuando haya muchas más.

–En otras comunidades, las farmacias han hecho pruebas diagnósticas. ¿Por qué aquí no? ¿Hubo temor a la respuesta de los enfermeros, que se pronunciaron en contra?

–Quiero pensar que no. Sería una dejación funciones. Supongo que han creído que era suficiente con el servicio que había. Que se podía hacer de otro modo es evidente, como se ha hecho en Madrid, Galicia o Cataluña.

–Han andado a la gresca con los representantes de los enfermeros. ¿Invitaría a algún dirigente a una cerveza en una mesa de cuatro?

–Por supuesto. No estamos a la gresca con nadie. La profesión farmacéutica tiene el fin de trabajar por el paciente y avanzar en una sociedad en la que sería importante la unión de sus sanitarios. Llevamos 800 años presentes en el planeta, no tenemos las necesidades de gresca que tienen profesiones con menos tiempo. Quizá tengan problemas internos que en este contexto se vean más patentes.

–Los farmacéuticos no tienen un sindicato, pero tienen el colegio profesional, el primo de Zumosol.

–Defendemos los intereses profesionales, no sindicales. Confundir esos intereses es ir por mal camino.

–Más hitos: las víctimas de malos tratos usaron las farmacias durante el encierro para denunciarlos.

–La iniciativa ha sido copiada en Europa y Latinoamérica. Fue la operación Mascarillas 19, muy importante entonces. El caos era importante y fue vital para muchas mujeres.

–El modelo de negocio ha cambiado. De la fórmula magistral a la crema antiarruga se recorre todo un siglo, ¿no?

–Más que el negocio, es la profesión la que cambia al ritmo de la sociedad. Pasamos de esa farmacia que elaboraba medicamentos a base de plantas, pasando por la química y luego la producción industrial. Ahora nos encontramos en una fase fundamental.

–¿Qué fase?

–La población está cada vez más envejecida y las personas necesitamos otros servicios. El problema más importante es la falta de adherencia a los medicamentos, ése que decido dejar de tomar y que repercute en los ciudadanos y en el mayor gasto para el sistema. En la adherencia, el farmacéutico debe tener un papel mayor. También está la prevención. O la ampliamos o tendremos un problema. Y ahí entra el papel de las farmacias en los cribados de cáncer, de colon…

–En una vista atrás, un año después de la pandemia, ¿qué momentos ha olvidado más fácilmente?

–He olvidado que pasé el Covid-19 y que estuve ingresado. Desde el punto de vista profesional me quiero olvidar de la poca coordinación que ha habido con los profesionales, quiénes y qué podíamos aportar.

–¿Y qué no le gustaría olvidar?

–La pandemia en sí mismo, las dificultades que hemos pasado. Quiero ser positivo, pero creo que este país olvida demasiado rápido. Y no somos capaces de aprender la lección.

–¿Por ejemplo?

–La tan de moda humanización de la sanidad es fundamental. Teníamos problemas en los hospitales y ahora los tenemos en la Atención Primaria. A los enfermos hay que verlos y tocarlos y las herramientas informáticas no ayudan mucho. Hay preocupación porque los teléfonos no se responden. Hay que eliminar esas trincheras.

–Eso hoy es ir a contracorriente.

–Pues es algo fundamental que no debemos olvidar. Los farmacéuticos no hemos tenido ese problema por nuestra relación tan de contacto con los ciudadanos. Yo, como paciente, quiero que me toquen.

–Con tanta mascarilla e hidrogeles, el balance económico del año no ha debido de ser malo, ¿no?

–Ha sido como el anterior. En los primeros meses de la pandemia hubo mucha demanda, pero luego bajó hasta el equilibrio. En general la situación ha sido bastante neutra.

–Este año no hay gripe. Frenadol sí se habrá vendido poco, ¿no?

–La gripe es otro virus que se transmite por la vía aérea y, si ponemos barreras… Eso lo teníamos claro.

Comentar

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*