La técnica de Velázquez al descubierto en la última sesión del ciclo de conferencias que la Fundación Amigos del Museo del Prado organiza en la Universidad de Navarra

Jaime García-Máiquez, técnico del Gabinete de Documentación Técnica del Museo del Prado, ha impartido la cuarta y última conferencia del ciclo Francisco Calvo Serraller en la Universidad de Navarra. Bajo el título “Velázquez, troppo vero. El pintor y sus técnicas”, García-Máiquez, antiguo alumno de la Facultad de Filosofía y Letras del centro académico, ha acercado a los asistentes la técnica, el soporte y la composición que Velázquez desarrolló en su obra, así como su visión artesanal y humana de la pintura.

 

El ponente ha comenzado analizando la técnica del artista durante su etapa sevillana, un periodo en el que “heredó unos procedimientos artísticos comunes a la mayoría de pintores sevillanos del siglo XVII, y con ellos logró realizar sus primeras obras maestras”, ha explicado. De su formación como aprendiz, primero con Francisco de Herrera el Viejo y más tarde con Juan Pacheco, García-Máiquez ha destacado “el gusto y la estrategia que alcanzó con admirable eficacia”.

 

Asimismo, ha abordado los materiales que se utilizaban para elaborar los obras: “El tipo de soporte a emplear era la primera elección material de un artista”. En el caso de Velázquez, como ha explicado, todos los cuadros que se le atribuyen están sobre lienzo y en concreto, durante esta etapa, “sobre tela de mantelillo”. En este sentido, el experto ha hablado del estudio de los soportes a través de la radiografía: “Esta técnica nos da información sobre cuándo se imprimó la tela por primera vez, o sobre las guirnaldas de tensión que se generaban cuando se anclaba para pintar: como se quedaban para siempre, nos dan una información valiosísima, como el tamaño original de la pintura o el tipo de bastidor que se usó”. 

 

Apoyado en la radiografía de algunos cuadros de su primera etapa, el ponente ha recalcado cómo Velázquez “va avanzando muy rápidamente, con dibujos más precisos, juego de empastes, y densidad de los surcos”. Por otro lado, ha destacado su talento para combinar las zonas más empastadas con aquellas con menos materia de pintura y “su capacidad de crear un abanico de texturas materiales”.

 

Tal y como ha explicado el experto, con su llegada a Madrid Velázquez fue evolucionando en su manera de trabajar y de entender la pintura. “La imprimación, así como el tipo de soporte, cambia durante su etapa en la corte. Pasa de las tierras marrones-rojizas sevillanas a las rojas madrileñas”, algo que afecta al fondo óptico “y con el que se puede delimitar qué escenas pintó en Sevilla y cuáles en Madrid”.

 

En la capital, también conoció la técnica de Rubens, lo que supuso “un punto de inflexión en su propia técnica”. Como ha explicado García-Máiquez, “no se sabe muy bien la relación que tuvieron, pero Pacheco cuenta en la biografía de Velázquez que él fue el único pintor con el que trató”. Gracias a las imprimaciones, se puede saber que hubo un contacto específico: “Velázquez imprimaba con blanco, una moda que se había perdido pero que Rubens recuperó. Cuando vemos un cuadro posterior a ese encuentro, como La rendición de Breda, se ve la misma técnica”. “Velázquez supo jugar incluso más que Rubens con la imprimación del blanco, la manejó con una gran maestría”, ha añadido

 

A continuación, y mostrando los trazos de algunas de sus obras más conocidas, el experto ha abordado las características del dibujo del artista. “En las obras de la década de los 30, donde técnicamente llegó a su culmen, parece que el dibujo ha desaparecido. Hasta el final de su carrera, realizará un dibujo muy esencial pero muy preciso, que muestra una evolución, pero no una revolución como había existido anteriormente”, ha afirmado. También ha abordado cuestiones como el color, donde ha explicado algunos elementos a tener en cuenta a la hora de analizar cualquiera de sus obras, así como los detalles. “Tras el regreso de Italia, Velázquez poseía ya una técnica totalmente singular dentro del panorama español y un dominio técnico absoluto de su arte. Esta maestría la fue desarrollando en las décadas siguientes, y en este contexto resulta relevante saber cómo ideó algunos de sus retratos o composiciones, cómo se copiaba a sí mismo o trabajaba en equipo con otros pintores, o por qué y cuándo rectificaba lo que ya había pintado”, ha explicado.

 

Jaime García-Máiquez es doctor en Historia del Arte por la Universidad de Cádiz. Investigador en el Gabinete de Documentación Técnica del Área de Restauración del Museo del Prado, donde lleva a cabo un análisis científico de las obras de arte mediante las técnicas de la reflectografía infrarroja y la radiografía, es autor de numerosos artículos sobre la técnica de los grandes maestros. También ha colaborado en los catálogos razonados de las colecciones del Museo del Prado, entre los que se encuentran los dedicados al Bosco, el Greco, Tiziano, Velázquez y Goya. Asimismo, imparte conferencias sobre el estudio técnico de las obras de arte en diversas instituciones culturales.

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