“Cuando Dios tiene algo para ti, te llena de felicidad y de compromiso para sacarlo adelante”

Cuando José Luis Solís (Méjico, 1983) cumplió los 15 años, su padre y él emigraron a Estados Unidos para trabajar. Es el mayor de nueve hermanos y su aportación era necesaria para que en su casa todos salieran adelante: “Fue una experiencia de temor unida a la emoción por ayudar a mi familia. Estuve trabajando cuatro años en la construcción en Tejas y en Carolina del Norte”.

Esta vivencia le ayudó a plantearse su futuro, rezaba mucho y le pedía al Señor que le iluminara: “Con 19 años volví a Méjico e ingresé en el Seminario de Celaya. El mismo hecho de haber trabajado me ayudó a tener dinero para costear en un principio mis estudios. Era feliz y me iba dando cuenta de que Dios respondía a mi oración a través de diferentes oportunidades”.

Allí se formó durante ocho años, un tiempo que también le sirvió para que su familia entendiera su vocación. Aunque eran católicos y estaban acostumbrados a rezar a diario el Rosario, les costó asumir su decisión: “El mismo Seminario supuso un proceso personal, pero también familiar. Mi padre continuaba trabajando en Estados Unidos, pero mi madre y mis hermanos lo fueron entendiendo. La formación para nuestras familias que ofrecía el Seminario les ayudó mucho a ello”.

En 2011 el obispo de su diócesis le envió a Pamplona para estudiar el Bachiller en Teología en la Universidad de Navarra con una beca de la Fundación CARF y de la Asociación FORSA. Completó los cuatro cursos y en 2015 volvió a su tierra.

Tres años más tarde, en 2018, le volvió a enviar a España para hacer la Licenciatura en Derecho Canónico. La noticia le produjo sentimientos encontrados. Por un lado, le llenaba de alegría volver a la Universidad de Navarra por todo lo que aquí había vivido. Y por otro, le costaba, porque el Derecho Canónico no era lo que más le había gustado durante su formación previa. Así que cuenta que lo puso delante del Señor y asumió el reto.  

Mientras completaba los estudios ha podido hacer prácticas en el Tribunal Eclesiástico de la diócesis de Pamplona y Tudela, y afirma que le ha servido mucho para su aprendizaje. Actualmente se encuentra finalizando el último año de la Licenciatura. Asegura sentirse feliz por el camino recorrido y es consciente de la importancia del mismo: “Esta experiencia de formación académica y humana que recibimos hoy debemos manifestarla en el trato con las almas”.

Su estancia en España ha coincidido con la pandemia y el confinamiento. El pasado 6 de febrero fallecía su madre por COVID-19 y no pudo viajar a su país para estar con los suyos. Son muchas las muestras de cariño que ha recibido de compañeros y sacerdotes y está muy agradecido por la generosidad que le han prestado con su cercanía y sus oraciones. Además, explica que esta pandemia ha sido una oportunidad para hacerle ver la gran cantidad de sacerdotes que han entregado su vida por los demás.

Si Dios quiere, en junio volverá a Méjico, su país de origen, donde el 77% de la población es católica. A pesar de ello, reconoce que hay momentos en los que su condición de sacerdote le ha hecho sentir cierto miedo, “porque también hemos sido víctimas de la violencia, nosotros y nuestras familias. Sin embargo, soy de allí y la pertenencia y el amor te hacen entregarte a pesar de los peligros. Cuando Dios tiene algo para ti, te llena de felicidad y también de compromiso para sacarlo adelante”.

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