Entrevista a Jesús Aguilar, presidente del CGCOF:«En las farmacias recayeron todas las consultas sanitarias; no podíamos exteriorizar el miedo»

Durante los últimos 14 meses, la pandemia encumbró a protagonistas habitualmente anónimos. Profesionales denominados esenciales que, en el día a día, pasaban desapercibido hasta que su labor se convirtió en un escudo contra una amenaza tan inesperada como perniciosa. Entre ellos, los integrantes del colectivo boticario. «Pese a todas las adversidades, hemos estado siempre en primera línea, asistiendo a la población, entregando toda nuestra profesionalidad y cercanía a los ciudadanos. También, a las autoridades sanitarias, para que aprovechasen todo nuestro potencial asistencial y social», ensalza Jesús Aguilar (Burgos, 1960), presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, quien asegura que la española es «la red de farmacias más importante de toda Europa», lo que supone una fuente de recursos extensa para «estar allí donde el paciente siempre lo requiera».

«Es una situación complicada con la que, además, yo creo que ya llevamos demasiado tiempo, con una tensión acumulada considerable», suspira Aguilar. Los 76.000 farmacéuticos que componen el colectivo, al igual que el personal sanitario, multiplicaron esfuerzos para garantizar la seguridad de la población. «Hemos realizado una labor esencial en esta pandemia, tanto en los hospitales como en la industria, los laboratorios, las tareas de investigación o salud pública y, por supuesto, en lo que todos tenemos siempre más en mente, que es en las oficinas de farmacia», detalla el presidente del gremio, que lamenta el fallecimiento de cuatro profesionales a causa del coronavirus. «Cuando todo estaba cerrado, no podíamos tener consultas con los médicos y los teléfonos estaban más que bloqueados, el farmacéutico siempre ha estado ahí», resalta, como «una cruz verde siempre encendida».

Bajo su punto de vista, la asistencia farmacéutica ha «conseguido evitar también el colapso de las consultas», pues ha «disminuido de manera enorme toda la carga asistencial y ha liberado medios para que aumentase la capacidad del sistema sanitario». «Allí, pusimos en marcha soluciones muy excepcionales, teniendo en cuenta que nuestra máxima obsesión era garantizar toda la continuidad de los tratamientos de los pacientes», subraya. «Creo que hemos demostrado una gran raza sanitaria como profesión en la crisis, que hemos evidenciado esa vocación de servicio público que siempre tenemos, desde que salimos de nuestra facultad», ahonda.

Pone como ejemplo las labores de análisis clínico, destinadas en esta pandemia a realizar pruebas PCR y demás test, pues, según detalla, en torno al 51% de las personas encargadas de llevarlas a cabo en España eran farmacéuticos. «Solo durante el primer mes de la pandemia, los farmacéuticos comunitarios dieron atención a más de 30 millones de ciudadanos, cuando todo el mundo estaba en casa. Hubo 2.200.000 pacientes que fueron asistidos por vía telefónica y más de 850.000 personas, en sus propios hogares. Si no hubiésemos estado ahí, habríamos vivido otra pandemia, yo creo que mucho más dura para todo el conjunto de la población», sostiene, para sentenciar más adelante que «en la farmacia recayeron todas las consultas desde el punto de vista sanitario».

«Al no dejar hacer test, se ha perdido un recurso que poníamos los farmacéuticos al servicio de las administraciones»

Todo ello acarreó un rebasamiento. «Siempre hemos estado desbordados», expresa Aguilar, tras recordar que el planteamiento inicial contempló proporcionar la seguridad en dos vías: «El principal desafío que teníamos era garantizar que todo el mundo tuviera esa atención y, por otra parte, teníamos un tema nuestro, que era garantizar la protección de todos los farmacéuticos para dotarles tanto de información como de protocolos que les permitiesen hacer su labor». No esconde que, desde el principio, sintieron temor. «¿Cómo no lo va a haber? Lógicamente, y, sobre todo, al principio. A la farmacia asistían todo tipo de ciudadanos, los que no sabían que no tenían la covid, los que sí lo sabían… Teníamos esa situación de miedo, pero, de alguna manera, no podíamos exteriorizarla; teníamos que hacer lo contrario, mantener a los ciudadanos lo más tranquilos posible», subraya.

Petición de protección

La «única petición» que hizo el colectivo, como puntualiza su presidente, fue que seguridad. «Estábamos desprotegidos, no teníamos materiales. No fue posible y cada uno, en su farmacia, ha intentado proteger, protegerse él y proteger a todo su equipo de la mejor manera posible», lamenta, para afirmar que «todo lo demás han sido ofrecimientos, desde el punto de vista de actividades que se podían hacer para ayudar a paliar lo que está siendo esta pandemia». El esfuerzo, bajo su parecer, ha incrementado la importancia de la figura del farmacéutico. «En los ciudadanos, de forma evidente. Hemos hecho unas encuestas y así lo demuestran, que su visibilización y su papel ha sido fundamental, que ese compromiso y esa vocación de servicio han sido completamente valorados». No obstante, «desde las administraciones ha habido de todo».

«Algunas han trabajado mucho más con sus farmacéuticos y otras lo han hecho menos. Andalucía, por ejemplo, ha sido una comunidad en la que se podrían haber hecho muchas cosas», esgrime, si bien hace hincapié en que «se ha trabajado de manera importante entre los farmacéuticos y las administraciones». «La covid-19 nos ha retado a todos los ciudadanos y a nosotros, los farmacéuticos, en lo personal y lo profesional», sintetiza, convencido de que «en los próximos meses se irán haciendo cosas y se irá avanzando». «Todos tenemos muchas ganas de que esta sea la última fase de la crisis. Nos tenemos que concienciar; tenemos que poner nuestro granito de arena. Cuando enciendes la televisión, te quedas un poco asustado con todas esas aglomeraciones. Esas cosas no ayudan a que se controle la situación. Nos queda tiempo para seguir trabajando», concluye.

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