Las farmacias y los hospitales tienen problemas para abastecerse de más de 440 medicamentos

Una farmacéutica organiza medicamentos en su establecimiento.

Una farmacéutica organiza medicamentos en su establecimiento. Sergio Pérez

El desabastecimiento de medicamentos que las farmacias y hospitales viven desde hace años persiste en plena pandemia. La Agencia Española de Medicamento informaba ayer de que había problemas de suministro con 441 productos —en ocasiones es un mismo fármaco pero en diferentes presentaciones—, pero se trata de una lista viva en la que cada día entran y salen nuevos medicamentos: el martes eran 446 las alertas notificadas y el lunes 438. Entre los medicamentos que faltan ahora mismo en las boticas hay desde analgésicos como el Dolalgial Ibuprofeno de 400mg, ansiolíticos como el Trankimazin, fármacos para la osteoporosis, el azhéimer o ciertos tumores como Osteum y Donepezilo Pensa y Vepesid, respectivamente, o incluso algunos muy ligados a la pandemia como tratamientos para la neumonía o sedantes utilizados en la UCI cuando se entuba a los pacientes. “La cifra de productos afectados depende del día, pero esto es un problema que se ha cronificado”, alerta Paula Briones, miembro de la junta directiva del Colegio Oficial de Farmacéuticos de A Coruña (Cofc), que reconoce que la actual crisis sanitaria “no ha afectado” al suministro ya que los problemas se arrastran desde hace años.

Fue en octubre de 2018 cuando el sector dio la voz de alarma porque si hasta entonces era algo puntual que un laboratorio no enviase los medicamentos solicitados, la situación se había normalizado y afectaba cada vez a más presentaciones de fármacos. Desde entonces, cada semana hay déficit de cientos de medicamentos —la cifra llegó a superar los 600— y aunque algunos vuelven a las estanterías de las boticas en cuestión de semanas, otros tardan meses. En la web de la Agencia Española del Medicamento, donde notifican cada día los fármacos afectados, hay algunos que se prevé que no vuelvan a estar disponibles hasta el año que viene. Es el caso de Climen, uno los tratamientos hormonales de sustitución que utilizan las personas transgénero —se estima que habrá problemas de abastecimiento hasta enero de 2022 — o de Donepezilo Pensa, dirigido a pacientes con alzhéimer en fase leve, que no se cuenta con él hasta el próximo mes de marzo.

¿Y qué ocurre si justo el medicamento que el médico me ha recetado es uno de los que faltan? Los farmacéuticos lanzan un mensaje de tranquilidad ya en la mayoría de los casos hay una medicina similar —mismo principio activo y administración— y es el propio boticario quien cambia uno por otro sin más trámites. “Eso es posible siempre que el médico haya prescrito solo por principio activo, si ha puesto una marca comercial, lo normal es que el paciente vuelva a su médico para que sea él quien le cambie el tratamiento”, explica Paula Briones, quien resalta que lo más frecuente es que desde la propia farmacia se le pueda dar ya el sustituto.

Y cuando no es posible porque no hay un fármaco con idénticas características, toca revisar si alguna botica cercana tiene ese medicamento en stock o volver al médico para que le cambie el tratamiento. “En el COFC tenemos la aplicación Farmahelp, en donde introducimos el medicamento que solicita el paciente y vemos si alguna farmacia de un radio de kilómetros que marquemos lo tiene en stock. Así evitamos el peregrinaje de los pacientes por las farmacias”, indica Briones, quien reconoce que “como la gente ya no hace acopio de fármacos en casa, viene cuando le queda solo una o dos pastillas” y si coincide que ahora hay problemas de suministro y tiene que ir a su médico a que le cambie la receta, va con el tiempo justo porque en algunos centros de salud tardan días en dar cita para el doctor. “Por ello desde el Colegio hemos pedido un canal, una vía de urgencia en los ambulatorios para resolver sin esperas estos problemas puntuales que pueden producirse”, sostiene esta farmacéutica.

Pero todavía hay un peor escenario: cuando no hay un medicamento, pero además no hay sustituto posible y el médico no puede modificarle el tratamiento. En esos casos, desde el Ministerio de Sanidad se puede solicitar a países del extranjero donde no haya problemas de suministro. Ocurre ahora mismo con Vepesid, destinado a ciertos pacientes oncológicos, o con Theo-Dur, un broncodilatador para enfermos con asma o bronquitis.

La lista de medicamentos que escasean es variada. Hay déficit de algunas presentaciones de analgésicos (Dolalgial Ibuprofeno), ansiolíticos (Trankimazin), antidepresivos (Sertralina), fármacos para controlar la tensión (Ramipril) o el colesterol (Simvastatina), para problemas de huesos (Oseum), para la acidez del estómago (Esopremazol) y otros de uso hospitalario como el Gammagard (para pacientes con problemas de anticuerpos y cuyo suministro no se normalizará hasta 2022 aunque Sanidad ha autorizado unidades por comercialización excepcional); Vancomicina (para tratar infecciones como la neumonía) o Cisatracurio, un adyuvante en la anestesia general que se usa en cirugías o para sedar a pacientes en la UCI,por ejemplo

Los problemas de fabricación o de capacidad de los laboratorios que generan los medicamentos así como la rotura del stock por dispararse las ventas o el hecho de que no en todos los países se pague lo mismo por un fármaco están detrás de estos problemas de suministro de medicamentos que afectan a todo tipo de tratamientos. Para intentar solucionar esta situación, el Gobierno puso en marcha el Plan de Garantías de Abastecimiento de Medicamentos 2019-2022, que incluye incluso sanciones, pero la situación sigue enquistada y cada semana faltan cientos de fármacos.

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