Farmacólogos: «Tratar las enfermedades llevará más tiempo y será más caro»

Paco Niebla

Barcelona, 13 jun (EFE). Raquel Carnero Gómez y Luis Marcos Nogales, licenciados en Farmacia por la Universidad de Salamanca, alertan de que llega «inexorablemente una era posantibióticos en la que tratar las enfermedades llevará más tiempo y será más caro», por culpa de las resistencias de las bacterias a esos fármacos.

Carnero (Burgos, 1978) y Marcos (Salamanca, 1976) acaban de publicar el libro «Antibióticos vs Bacterias. De la resistencia al contraataque» (Ed. Larousse), con ilustraciones de Iñigo Ansola (Laredo, 1971), y, en una entrevista con Efe, afirman que la resistencia a los antibióticos «no es un problema de futuro, sino del presente».

En el libro, los dos farmacéuticos, que en 2019 publicaron «Vacunando. ¡Dos siglos y sumando!», detallan, con ironía y humor didáctico, todo lo que hay que saber sobre antibióticos, explican diferencias entre virus y bacterias, describen enfermedades infecciosas y alertan de que las bacterias son «una amenaza fantasma».

Los dos opinan que «con la pandemia se ha despertado una necesidad de conocer más acerca de salud pública» y admiten que «la mayoría no había leído ni oído tanto acerca de virus y bacterias como ahora».

Sin embargo, «aún hay muchas personas que piensan que los antibióticos son eficaces frente a los virus», añaden a Efe.

Para los dos especialistas en farmacia, «la educación en salud debería ser obligatoria. Hablar de los agentes antimicrobianos y del problema de las resistencias a antibióticos en los planes de estudio escolares también fomentaría una mejor comprensión y concienciación desde una edad temprana».

Preguntados sobre si las farmacéuticas están haciendo los esfuerzos necesarios para encontrar nuevos antibióticos eficaces que superen a las superbacterias, Carnero y Marcos coinciden en que «hay una importante falta de nuevos antibióticos en fase de desarrollo».

«Y que lleguen a obtener una autorización de comercialización es un proceso muy largo y costoso para las farmacéuticas», por lo que afirman que «el esfuerzo debe ser conjunto, lo hemos visto con las vacunas COVID».

Explican que para 2023, la Alianza Mundial para la Investigación y el Desarrollo de Antibióticos, una iniciativa conjunta de la OMS y la Iniciativa Medicamentos para Enfermedades Olvidadas (DNDi), quiere desarrollar y proporcionar hasta cuatro nuevos tratamientos antibióticos.

«Nos estamos acercando inexorablemente a una nueva ‘era posantibióticos’, donde tratar las enfermedades llevará más tiempo, serán necesarias más hospitalizaciones y los antibióticos serán más caros, con lo que se incrementarán los costes en atención sanitaria para todos los países», avisan los expertos.

Según los dos farmacólogos, la resistencia a los antimicrobianos (como antibióticos, antivíricos y antipalúdicos) es ya una realidad puesto que tratamientos habituales se han vuelto ineficaces, y las infecciones persisten y pueden propagarse.

«La resistencia a antibióticos es una amenaza de salud global, calificada como tal por la OMS, no es el futuro, es ya el presente», sentencian.

¿El calentamiento global puede hacer aparecer bacterias desconocidas, quizá las que están congeladas en los polos?.

«Bacterias hay muchas, y muchas son desconocidas, pero la inmensa mayoría no son patógenas -responden-. La posibilidad de que aparezca una bacteria patógena y difícil de combatir en los polos es remota».

Sí reconocen, sin embargo, que las bacterias «se adaptan muy bien y si el calentamiento global les aporta unas condiciones de crecimiento mejores, las aprovecharan. Sí hay una relación entre el aumento de la temperatura y el aumento de las resistencias. Por ahí viene el problema», aseguran.

Los dos expertos recuerdan que la penicilina, el primer antibiótico de uso generalizado, se descubrió en una placa en la que crecía el hongo Penicillium, su productor, es decir, de origen natural, y que las bacterias del suelo son una fuente de nuevos antibióticos que se sigue explotando.

«También hay aceites esenciales de plantas o vegetales como el ajo con propiedades antimicrobianas, pero que nadie piense que comiendo ajo se va a curar una tuberculosis. Eso sí, se investigan. No sería extraño que el siguiente antibiótico en salir tuviera también un origen natural», auguran.

«Tenemos la obligación de usar racionalmente los antibióticos. Estamos todos en riesgo, sea cual sea nuestra edad o el país en que vivimos», alertan.

Los dos autores reconocen que hace años hubo un consumo abusivo de antibióticos en la ganadería y la agricultura, pero aseguran que «hoy día la regulación europea es tremendamente estricta y la carne es segura. Ya no se engorda al ganado con antibióticos. Solo se usan cuando es necesario y bajo prescripción veterinaria, y también se controla su uso en agricultura».

Sobre cuál es la enfermedad infecciosa que más preocupa, Carnero y Marcos reconocen que «hay amenazas sanitarias de las que no se habla. Se estima que en 2019 enfermaron de tuberculosis 10 millones de personas. La tuberculosis multirresistente es una crisis de salud pública y una amenaza, con aumentos del 10 % anuales diagnosticados». EFE

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